Bueno, pues este fin de semana pasado, Leti (mi compi del CES) y yo estuvimos currando de camareras en las fiestas de Fuentelespino de Haro. Nos lo pasamos bien, a pesar de que curramos un montón.

Llegamos el viernes a las 21.30h. Justo a tiempo para zamparnos los bocatas que había preparado rápidamente antes de salir y para preparar algo en el bar. A las 24.00h. comenzó a venir la gente. La noche transcurrió sin agobios. Leti y yo hacíamos algo el tonto; más Leti que yo en realidad. Pero vamos, que juntas hacíamos un buen dúo.

Durante la noche, lo típico: poner copas, recargar cámaras, poner lavavajillas, colocar las cosas, faltan botellas, y no aguanto algunas tipiqueces de los típicos borrachos que se colocan en las fiestas típicas. Buff!!

Así hasta las 08.00h., hora de irse a la camita. ¡La de matrimonio para mí! Olimpiades y Julián, los padres de nuestro jefe, se lo curraron un montón. Nos dieron de comer y se preocuparon por nosotras en todo momento.

Dormimos hasta las 16.00h. Una duchita y a comer, que hay hambre. Después, un petita recorriendo las pequeñas callejuelas de este pueblo conquense.

Eran las fiestas de la comarca, así que el sábado el pequeño pueblo de Fuentelespino de Haro acogía una multitud inusual en otros tiempos. Pequeños carteles anunciaban el pueblo de donde procedía la pequeña procesión que representaba a dicho pueblo. Trajes típicos, tambores, bailes regionales... Y hay que meterse en el tema.

Unas cañitas en la plaza y a dar un pregón desde el ayuntamiento.

Y de nuevo a trabajar. Y de nuevo lo mismo: más copas, más botellas, más lavavajillas, más pesados...

De nuevo, hasta las 08.00h. Y del tirón a Madrid. Ha sido una experiencia. Leti, me lo he pasado genial!