Paranoias de buen rollo


Esta tarde, en el metro, de camino a casa, me ha ocurrido una cosa muy curiosa.
Estaba en el vagón, de pie, sujetándome a la barra, cuando ha entrado un tipo extraño. Creo que era marroquí, iba en zapatillas de andar por casa y bastante desaliñado.
La cuestión es que se ha puesto a mi lado y ha empezado a rebuscar en los bolsillos. Ha sacado unas cuantas monedas y no sé por qué le ha dado un "flash" y en un gesto como de querer entregarme algo, me ha mirado y me ha dicho: "Toma esta moneda. Te dará suerte". Uah! A mí me ha dado un buen rollo que no veas. En pleno centro de Madrid, y tal y como vamos hoy en día, es más frecuente encontrar gente que te empuje, que te mire mal, que se pelee contigo por un asiento en el metro... pero no un tío que de repente te dé una moneda -que por cierto, era de Eslovenia-, para que te dé suerte! Cosa curiosa.

El caso es que el colega ha seguido rebuscando en los bolsillos y, repitiendo los pasos anteriores, me ha preguntado: "¿Tienes novio?" Claro, yo he pensado: "Ya está. El típico listo". Mi gozo en un pozo. Al final, resulta que el buen rollo no lo era tanto... Pero al segundo, me ha dicho: "Toma. Coge esta piedra para él. Para que le dé suerte". Era una piedra pequeñita, de cuarzo rosa que, curiosamente, es mi piedra. Y le he respondido: "Vaya, como me dé suerte de verdad voy a tener que ir a buscarte". Y se ha bajado en la siguiente estación.
Otra vez de subidón. Me encanta encontrar peña extraña por ahí, gente feliz, a la que se le va la olla. Es sorprendente lo que te puedes encontrar. Al menos este tipo era feliz. Y con su felicidad me ha hecho feliz a mí. Ya ves, qué paranoia de buen rollo.

A mis 31 años aún no comprendo muchas cosas. Supongo que no es nada extraño, que a todos nos pasa. 