Klaus apareció también por sorpresa. Era uno de los gatitos a los que mi madre daba de cenar. Una noche se debió perder y acabó en la puerta de su casa. Ella lo cogió y me llamó para preguntarme si quería otro gato. Y, por supuesto le dije que sí. Y para la elección del nombre hice algo como con Chris. Él aparició el 18 de diciembre, cuando faltaba una semana para que se cumpliera un año con Chris en casa. Y como era casi Navidad, pensé: Santa Claus, Claus, Klaus. Y así fue.

Este gato es la leche. No sabría muy bien explicarlo. Klaus tiene un carácter un tanto atípico. Se le suelen cruzar los cables muy a menudo, hecho que demuestra con una desatada actividad. Da igual lo que pille: gato, muñeco, ropa... Cuando le da el punto, le da.

Sus posturas son un tema aparte.

Mi gato no puede vivir sin unos muñecos con forma de ratoncitos que le compré hace tiempo. No podría calcular cuántos ha tenido desde entonces, pero han sido muchos. Cada vez que ve uno se vuelve loco. No sé qué tendrán, la verdad.

Se van a cumplir seis años desde que estamos juntos. Seis años en los que me hemos pasado momentos buenos, malos, regulares... Un tiempo que he disfrutado junto a él. Y lo que nos queda!