El recuerdo de un amigo

El pasado día 1 se cumplió un año de la triste pérdida de mi amigo Jorge. Un año en el que en multitud de ocasiones me ha parecido que todo había sido un sueño, un triste sueño. Un año en el que no me he atrevido siquiera a quitar su email de mi lista de contactos.
Jorge era un tío positivo, lleno de bondad, cariñoso, divertido y muy sensible. Trabajamos juntos de teleoperadores hace ya unos años. Un trabajo en el que todos tuvimos problemas pero que, pese a los malos rollos que pudo o no provocarnos la tensión laboral, fue forjando nuestra amistad poco a poco. Supimos, en el escaso tiempo que teníamos para hacernos el relevo, pillarnos el punto. Él era un cabeza loca, un tío muy libre. Yo me identificaba bastante con él, así que supongo que eso, en cierto modo, nos fue uniendo.
Empezamos a quedar fuera del trabajo, a conocer nuestras vidas, nuestros sueños, nuestras debilidades... En definitiva, a hacernos amigos. Quedábamos para cenar, tomar algo o simplemente echarnos unas risas. La vida se encargó de llevarnos por diferentes caminos. Él se dedicó durante un tiempo a hacer de figurante en series españolas de televisión y nunca dejó de actuar como Drag para despedidas de soltero. Yo me centré en lo que había sido mi carrera y comencé a trabajar en un departamento de comunicación. Pero, de una manera o de otra, siempre estuvimos conectados. Nos veíamos poco pero daba igual, yo sabía que él estaba bien y supongo que a él le pasaba igual conmigo. Pasaba un tiempo y yo pensaba: "Tengo que llamar a Jorge".

Después de unos meses, él se centró en un nuevo trabajo. Siguió ejerciendo de teleoperador pero, en este caso, en una empresa que sí se preocupaba por sus trabajadores. Se le veía feliz. Yo dejé el trabajo en el departamento de comunicación y me centré en el Master de Radio y Televisión.
Una tarde, mientras preparábamos uno de los magazines de radio, una compañera me preguntó que si yo conocía a alguien que hubiera trabajado en series o algo parecido. Querían gente que viviera de ello para comentar su experiencia. En fin, si lo que te pagan da para mantenerte, si hay que dedicarle muchas horas... Yo enseguida pensé en Jorge así que les di su móvil y seguí a lo mío. Cuando mis compañeras terminaron el programa me dijeron que Jorge les había atendido estupendamente, que le habían conseguido entrevistar (vía llamada telefónica) y que se encontraba en el hospital.
Decidí llamarle al día siguiente para saber cómo estaba y conocer la causa por la que se encontraba ingresado. Ahí me vino el primer palo: Le habían detectado un tumor. Me sentí fatal. Odio escuchar que la gente enferma de cáncer o cosas similares, pero escucharlo de boca de mi propio amigo me dolió aún más.
Me acerqué hasta la Fundación Jiménez Díaz. Allí me encontré con un Jorge apagado, con las marcas evidentes que deja esa triste enfermedad. Yo pensé que, o bien había pasado mucho tiempo allí sin yo enterarme, o es que él se deterioraba a marchas forzadas. Me contaron que acudió al médico porque le dolía la espalda y que le dijeron que tenía lumbago. Poco después, dejó de caminar. Le ingresaron de urgencia y le detectaron el tumor, supongo que muy avanzado ya.
Estuve un rato con él, le besé en los labios y le prometí que volvería a verle. Fui dejando, no sé por qué, pasar el tiempo. Le llamaba a su móvil y nadie respondía, tampoco tenía el móvil de su chico así que los días se fueron consumiendo sin volver a tener noticias suyas.
Ya me había dispuesto a ir a verle cuando recibí un SMS. Era suyo. En él se despedía de mí. Me pedía que no estuviera triste por él, que le recordara como siempre y que me quería. No entendí nada. Llamé al hospital y allí me dieron la triste noticia. Jorge había fallecido esa misma mañana. 1 de marzo de 2006.
En el centro hospitalario no pude hacer nada. No vi a sus familiares, ni a su chico... a nadie. Una amiga en común, a la que le conté lo sucedido, me llamó indicándome que su móvil estaba encendido y que había hablado con su hermano. Sin dudarlo dos veces le llamé. Me contó que le incineraban al día siguiente, a las 17.00, en Alicante.
Y bueno, os imagináis lo que pasó después. Cogí el coche y me planté a las 5 en punto de la tarde en el tanatorio de Alicante. Fue mi última despedida. Pude verle antes de que se lo llevaran para siempre y me sentí bien por haber llegado a tiempo para darle mi último adiós. No quiero entrar en detalles pero fue muy triste, mucho... Ha pasado un año de todo aquello y aún le recuerdo como si no se hubiera ido.
Jorge, no sabes cuánto te echado de menos en todo este tiempo. Ha habido momentos en los que he necesitado un abrazo tuyo, una sonrisa. Un día soñé contigo. Me abrazabas fuerte y te despedías de mí. Fue un sueño muy real. Yo creo que fue real. Sentí que por fin nos despedíamos para siempre. Donde quiera que estés niño, recuerda que no te olvido.
Te quiero, Jorge".

A mis 31 años aún no comprendo muchas cosas. Supongo que no es nada extraño, que a todos nos pasa. 
edt dijo
Bonito recuerdo, a mi me gustaría tambien hacer un homenaje a amigos y familiares que murieron de cancer pero no puedo, saludos
4 Marzo 2007 | 02:00 PM